Cinco Preguntas para Anne-Marie Goetz
Anne-Marie Goetz de UNIFEM subraya que la resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU ha comenzado a promover el rol de las mujeres en la mesa de la paz y a introducir nuevas protecciones contra la violencia sexual en los conflictos. Pero es necesario aplicar medidas urgentes para acelerar el progreso. (Foto: UN/Sophie Paris)
Anne-Marie Goetz es la Asesora Principal de UNIFEM en Gobernabilidad, Paz y Seguridad. En una entrevista reciente, Anne-Marie subrayó la importancia de movilizarse alrededor del próximo 10º aniversario de la resolución 1325 del Consejo de Seguridad de la ONU sobre mujeres, paz y seguridad. De aplicarse cabalmente, la resolución podría acelerar en gran medida los esfuerzos para detener la violencia sexual ejercida contra las mujeres en los conflictos armados y convertir a las mujeres en protagonistas de las mediaciones de paz.
¿Por qué las personas deberían interesarse por la resolución 1325, un conjunto de palabras en papel?
Porque puede promover la paz mundial al involucrar a las mujeres en todos los aspectos de la resolución de conflictos y la consolidación de la paz. Las mujeres a menudo quedan completamente excluidas de las conversaciones de paz. Los distintos tipos de violencia que experimentan durante la guerra no reciben el mismo tratamiento que los demás crímenes de guerra. Y menos del 3 por ciento de la financiación posconflicto se destina a las necesidades de las mujeres.
La resolución 1325 pone de relieve un problema de justicia muy grave: el de la exclusión. Pero también ofrece una solución práctica a la dificultad de asegurar la paz en numerosos conflictos. Conseguir la participación de un conjunto más diverso de actores en las conversaciones de paz, puede contribuir a la legitimidad y sostenibilidad de los procesos. Las mujeres representan un conjunto de increíble importancia como mediadoras para la paz y centrales para la reconstrucción de la sociedad.
Desde luego que la resolución 1325 es solamente un trozo de papel. Y nunca será nada más que eso hasta que los líderes políticos y militares reconozcan que las mujeres tienen mucho que ofrecer a la resolución de los conflictos. Todos y todas junto con nuestros líderes debemos trasladarla del papel a la práctica.
A menudo se afirma que los conflictos modernos son peores para las mujeres. ¿De qué manera?
Todas las personas pierden en los conflictos armados, pero dado que estos exacerban las desigualdades de género, la supervivencia de las mujeres y sus perspectivas de recuperación son mucho más frágiles.
En muchos casos, la mayoría de las víctimas mortales son varones. Eso es así en Iraq o Afganistán. En muchos conflictos internos, sin embargo, en lugar de apuntar contra soldados, el blanco de las partes beligerantes es la población civil, ya que ésta puede mostrar terror y desesperación con más rapidez y eficacia. Y apuntan contra mujeres, niños y niñas. La violencia sexual, en particular, es una táctica muy poderosa para destruir comunidades y traumatizar sociedades, con efectos que persisten más allá del periodo de recuperación.
Luego de un conflicto, la mayoría de la población desplazada internamente y refugiada son mujeres, niñas y niños, lo que la coloca en una situación de extraordinaria vulnerabilidad. Las mujeres enfrentan enormes dificultades para recuperar sus bienes por ejemplo, especialmente en sociedades donde los varones tradicionalmente son los titulares de los derechos a la tierra. El fenómeno de los hogares encabezados por mujeres aumenta durante y después de un conflicto, hogares donde se registran índices mucho más elevados de pobreza que en otros.
Si los procesos de consolidación de la paz y recuperación incluyeran a las mujeres, éstas podrían establecer prioridades, obtener resultados y reconstruir sus vidas. Pero el hecho de que las mujeres queden tan al margen de las conversaciones de paz y las decisiones posconflicto trae como resultado unos escasos recursos para sus necesidades. En cambio, el desarme y la reintegración se enfocan en los varones combatientes y el empleo masculino recibe mucha más prioridad.
¿Qué cambios se han conseguido con la resolución 1325?
Ha habido un progreso considerable en materia de reconocimiento de la importancia de proteger a las mujeres durante y después de los conflictos armados. Desafortunadamente, las medidas de protección todavía no alcanzan para cubrir todas las necesidades. Las horribles violaciones en la República Democrática del Congo a principios de agosto muestran cuán lejos debemos llegar.
Del lado positivo, numerosos organismos de la ONU están destinando apoyo para las reformas del sector seguridad desde una perspectiva de género, de modo que en países como Sierra Leona, Liberia, Uganda y en otras partes, ahora se han establecido unidades especiales de policía para abordar la violencia de género. Existen tribunales para crímenes de guerra que han procesado y condenado a comandantes de alto rango por violencia sexual, aunque, insisto, queda un largo camino por recorrer. Apenas casi cuatro docenas de individuos están en prisión como resultado de procesos judiciales internacionales por crímenes de guerra referidos a violencia sexual, en comparación con cientos de miles de violaciones.
Uno de los más grandes logros en la implementación de la resolución 1325 ha sido la adopción de cupos para las elecciones posconflicto. En Nepal, por ejemplo, un 33 por ciento de cupos revolucionaron la Asamblea Nacional: las mujeres constituyen ahora el 33 por ciento de los representantes, en comparación con el 2 por ciento anterior. En líneas generales, la participación en las conversaciones de paz no ha mejorado notoriamente, pero se han hecho esfuerzos más serios para involucrar a las mujeres de la sociedad civil, como en Darfur en 2006 y en Uganda en 2008.
Uno de los logros más significativos de los últimos diez años ha sido el reconocimiento de la violencia sexual como táctica de guerra que se despliega deliberadamente para infundir terror y que se utiliza incluso en campos de genocidio. Se han adoptado dos resoluciones adicionales del Consejo de Seguridad sobre este problema, lo que significa que la violencia sexual ejercida en las guerras ahora requiere de una respuesta de seguridad militar y policial. Debe ser abordada en el despliegue de tropas y las tácticas de pacificación, los procesos de paz y los tribunales para crímenes de guerra.
La violencia sexual ha sido una de las áreas más descuidadas del derecho internacional y ha quedado casi completamente invisibilizada en los acuerdos de paz, cuando debe figurar en todas las discusiones sobre paz y seguridad. El hecho de que esto esté comenzando a ocurrir es un cambio enorme.
¿Qué se requiere para profundizar los efectos de la resolución 1325 en la vida de las mujeres?
Necesitamos cuatro cosas: voluntad política; pruebas, incluso de los horribles abusos que experimentan las mujeres y de las contribuciones concretas que éstas pueden realizar; recursos; y un sistema de rendición de cuentas.
Las medidas de rendición de cuentas sobre la resolución 1325 tienen menos fuerza que las referidas a otras resoluciones del Consejo de Seguridad, como aquéllas sobre niños y conflictos armados, un asunto al que el Consejo presta considerable atención. Un objetivo primordial para este año del 10º aniversario consiste en alentar al Consejo de Seguridad a mejorar la rendición de cuentas, como por ejemplo, a través del seguimiento de la situación de las mujeres en los conflictos armados. Se trata de una parte vital de la adopción de medidas efectivas para proteger a las mujeres y conseguir su participación en la resolución de los conflictos. Para UNIFEM, una prioridad ha sido la construcción de indicadores que puedan identificar de forma más rápida las situaciones que requieren atención inmediata.
¿Cuál sería una acción clave que las y los activistas deberían emprender?
Si tu país está en conflicto, el fortalecimiento del activismo que ejercen las mujeres en favor de paz es la forma más enérgica para promover la agenda sobre mujeres, paz y seguridad. Las voces de las mujeres deben emitirse con más contundencia desde la sociedad civil para demostrar lo que tienen para ofrecer. En los países libres de conflictos armados, la acción más poderosa es hacerles saber a los gobiernos que las mujeres son importantes para consolidar la paz, pues ellos pueden apoyar el activismo por la paz que llevan adelante las mujeres, enviar tropas de mujeres a los procesos de consolidación de la paz y apoyar la subsistencia de las mujeres en situaciones de posconflicto, entre otras cosas.
El aniversario de la resolución 1325 ha puesto de manifiesto serios problemas de implementación. Es tiempo de poner de relieve todo lo que aún es necesario hacer. UNIFEM destaca esto con la petición 1325, que insta a detener las violaciones en la guerra y a propiciar la participación de las mujeres en la consolidación de la paz. Todos pueden firmar la petición para mostrar al Consejo de Seguridad y al Secretario General de la ONU que son muchas las personas interesadas en estas cuestiones. Queremos ver más acciones por parte de la ONU para proteger a las mujeres y promover su rol en la consolidación de la paz nacional y global.
Acción relacionada:
- Haz que las mujeres cuenten para la paz. Firma la petición 1325 antes del 21 de octubre.


