Cinco Preguntas para Rose Mapendo

Rose Mapendo, la principal protagonista del film Pushing the Elephant, dirige la mirada hacia su hogar en la RDC.

Rose Mapendo es un personaje central de la película Pushing the Elephant (Empujar el Elefante), el relato de la desgarradora separación de 12 años de su hija Nangabire durante la guerra en la República Democrática del Congo. Ambas están ahora juntas y viven en los Estados Unidos, donde Mapendo se ha convertido en una defensora del fin de las atrocidades cometidas contra las mujeres en la RDC. Ella utiliza la película y las historias de las mujeres que allí se retratan para generar conciencia y promover la innegable necesidad de acción.
¿Cuál fue su experiencia de violencia contra las mujeres durante la guerra?
Nunca pensé que algo así le sucedería a mi país. Cuando comenzó la guerra, nos preguntábamos, cómo pueden matar a todos. Sobre las mujeres, solían decir que no vale la pena gastar balas en matarlas, porque sin un hombre, la mujer morirá de todas formas.


En algunos lugares, los esposos de todas las mujeres fueron asesinados el mismo día. Algunas de ellas luego murieron de tristeza. A algunas se las llevaron y nunca supimos qué pasó. Una de ellas tenía una hija de 3 meses. Le pedí a un soldado que la llevara con su mama. Él me miró a los ojos y se rió. La mujer nunca regresó.

Lo que hemos visto en la RDC es una experiencia que no te puedes imaginar. Todavía hoy hay muchas mujeres que viven en esa situación. A veces quiero gritar. ¿Qué está haciendo el mundo? ¿Por qué todos ignoran esto?

¿Cómo fue separada de su hija?


Ella había ido a quedarse con mi suegro y las tropas atacaron el lugar donde ellos estaban. A muchas personas las asesinaron en una iglesia que estaba rodeada por soldados. Pensamos que nadie había logrado escapar. Cuando estábamos en los campamentos de refugiados y luego cuando vinimos a los Estados Unidos, preguntamos y pedimos información. Era tan difícil no saber si mi hija seguía con vida.
Finalmente, luego de seis años, la encontramos en un campamento de refugiados con su abuela. Luego le tomó otros seis años venir con nosotros a los Estados Unidos. Durante ese tiempo, le enviamos dinero para la escuela, pero la gente de allí se lo quitaba. Tuvo que trabajar limpiando en una casa. Ahora está aquí con su familia. Ella aún lucha y está confundida, pero es una joven que se está recuperando.

La reconciliación es uno de sus principales mensajes. ¿Por qué, después de todo lo que le ha ocurrido?


Como cristiana tengo una fe muy férrea. En un momento, fui arrestada y mantenida en cautiverio. Los soldados destruyeron mi casa y nos golpearon. Yo estaba embarazada y enferma, la piel se me desprendía. Pensaba que me iba a morir. Pero luego pensé, pase lo que pase, soy una creación de Dios. Y pensé que si moría no quedaría nada para mis hijos.

Salí al monte y le rogué a Dios que me perdonara. Luego le pedí que perdonara a mis enemigos. Fue un momento inolvidable, yo sola en el monte, lloré y pude perdonar. Después de eso sentí paz y realmente un cambio enorme en mi corazón.

Comencé a decirles a mis hijos que fueran fuertes y que no se quedaran en lo negativo. Les expliqué que el perdón les ayudaría a sobrevivir. Algunas personas creen que es algo loco. Pero el perdón hace algo por ti; no se trata de la persona a la que perdonas. Pero la reconciliación no significa continuar las atrocidades, o no buscar soluciones.

¿Por qué debería haber más mujeres en las conversaciones de paz?


Porque las mujeres comprendemos la importancia de la familia y atendemos las necesidades de la comunidad. En el África, los hombres se casan con cinco mujeres. Pero no comprenden de qué se trata la familia. A la mayoría le interesa tener una buena posición, o ganar más dinero. Las mujeres somos responsables de los hijos, de llevarlos en el vientre y criarlos. Sentimos una conexión que hace más difícil para nosotras asesinar o agredir a alguien. Ahora mismo, los hombres que empiezan y hacen la guerra negocian la paz bajo condiciones que les sirven a ellos.

¿Cómo podría estar bien eso?

Los países donde impera una violencia terrible parecen ser los menos proclives a respetar a sus mujeres. Allí es también donde las mujeres creen que no pueden estar de pie sin un hombre. No reciben educación, un derecho fundamental. Yo nunca fui a la escuela y por eso estoy convencida de que las mujeres necesitamos una educación. Además, no hay nada que hagan los hombres que las mujeres no podamos hacer.

¿A qué alude el título de su película, Pushing the Elephant?


Nadie puede por sí mismo empujar un elefante, sin importar cuán fuerte seas. Las personas debemos unirnos para empujar juntas. Con la película, quiero generar conciencia para que más personas pasen a la acción.

Las historias sobre la RDC no son divertidas de contar. Pero lo sigo haciendo porque de otro modo no habrá un cambio. Miro a mi familia y sé que hay otros niños y otras niñas como los míos que necesitan ayuda. Otras mujeres como yo necesitan ayuda. No es por decisión de ellas que hoy están como están.
A las otras personas que pueden ayudar, les digo, vayan a su casa y miren a su familia. Miren a sus hijos. Cómo les gustaría que fueran tratados. Otras niñas como las suyas están muriendo, y son seres humanos como las suyas. Vayan a su casa. Miren.

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